Dos meses después del terremoto, las dudas sobre la transparencia de las donaciones y los retrasos en la puesta en marcha del Fondo Milagro mantienen bajo la lupa al presidente Abelardo de la Espriella y a la primera dama Ana Lucía Pineda y su fundación Colombia Luz y Sonrisas. Mientras los damnificados esperan soluciones, siguen las preguntas sobre las cuentas claras, la vigilancia de los recursos y los resultados concretos. Parece que el verdadero milagro será que no nos metan gato por liebre.

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