Tras el terremoto, las críticas al Gobierno de Abelardo de la Espriella crecen por la falta de empalme, las demoras y una respuesta marcada por personalismos. Besos, balones y puestas en escena mientras la tragedia no da tregua. Los damnificados esperan la reacción del Gobierno pero este avanza más rápidamente en cuestionadas decisiones diplomáticas. El presidente parece no soltar el papel de candidato y politizando la tragedia la convierten en un escenario más.

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