Tras el terremoto en Colombia, la respuesta dejó al descubierto las grietas del Estado: demoras en los rescates, puja por las restricciones a brigadas internacionales y una solidaridad ciudadana desbordada que ha llegado antes que muchas instituciones. Mientras el Gobierno defiende unos supuestos «criterios técnicos» y omitió mezquinamente un empalme con el Gobierno anterior, las comunidades afectadas recuerdan la verdad: en las regiones más olvidadas, la primera línea de respuesta casi siempre la ocupan los ciudadanos y no el Estado.

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